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SER Y DEJAR SER

No sé si lo hagan todos, pero sí creo que la mayoría de Padres (papas y mamas) antes de tener su(s) hijo(s) ya tienen preconcebido un plan ideal para la familia, incluyendo cuantos hijos piensa tener, de que sexo serían, que les va a gustar, que van a estudiar y como se va a ir dando la educación. Al menos en mi caso así fue. Por supuesto que la realidad al final te muestra, que no por planearlo bien las cosas suceden como tú esperabas.


Por ejemplo en mi caso, mi plan era tener de dos a tres hijos, el primero hombre, con 2 a 3 años de diferencia una hija y el tercero (si hubiera) podría ser de cualquier sexo. Y mi plan iba más allá, cuando crecieran, podrían salir juntos, lo que me daría más tranquilidad, sabiendo que estarían acompañados cuando salieran y que incluso cada uno podría encontrar una pareja en los amigos(as) de su hermano(a). Yo estaba convencido que si la primera era niña, sería muy complicado para mí, porque no sabría interpretar las etapas de su crecimiento y seguramente acabaría rendido a sus pies.

Sin embargo, lo que sucedió en realidad es que tuve un hija y después de más de 6 años un hijo y efectivamente mi hija me generó tal incertidumbre y devoción, que desde que nació a la fecha, controla mis emociones. Al tener tanta diferencia de edad entre ambos, mis planes de salida, tampoco se realizaron y fueron durante su infancia, prácticamente dos hijos únicos.


Al día de hoy, aún a pesar de la diferencia de edad, su relación es excelente y sí salen de vez en cuando juntos y se han convertido en grandes amigos además de ser hermanos. Ambos confían en el otro y se cuentan cosas que incluso no nos cuentan a sus padres.

Cada uno de ellos, representó para mí y su mamá un reto diferente, porque como ya lo he comentado en artículos anteriores, aunque como padres usemos los mismos parámetros para la educación y desarrollo de nuestros hijos, su personalidad, la gran mayoría de las veces es muy diferente, a veces incluso opuesta.


Lo único de mi plan previo que si pude implementar en la educación y formación de mis hijos, fue lo que da título al presente escrito, SER y DEJAR SER. Con esto me refiero a que si bien es nuestra obligación como padres el ser los guías de nuestros hijos en sus primero años de vida es incluso más importante el darles la oportunidad de que ellos vayan descubriendo lo que les gusta, les molesta, les interesa o para lo que son buenos y para lo que no son tan buenos o incluso malos.


Y cuando estás en esta etapa de desarrollo de tus hijos (Infancia y adolescencia) siempre hay opiniones externas que te marcan todos tus “errores”, incluso te cuestionan y aquí es donde es relevante entender que no todos los consejos aplican a todos los casos. Es más, generalmente nadie te da un consejo o te hace un reproche pensando como tú, sino que lo hacen en base a su forma de ser. Esto lo aprendí de un chiste de Mafalda (De quien son un fan) en donde Miguelito le comentaba a sus amigos sobre un problema que tenía y cada uno le daba su opinión, pero al final el analizaba y decía: Ya sé que haría Manolito si estuviera en mi lugar, lo que haría Mafalda si fuera yo, lo que haría Felipito si estuviera en mi situación, pero aún no se lo que yo haría en mi lugar, lo que yo haría su fuera yo y lo que yo haría si estuviera en mi situación y eso me marcó para mi gestión como padre.


Cada padre o incluso cada conjunto de padre y madre, va definiendo con el desarrollo de sus hijos que tan severo o laxo quiere o puede ser, en aras de buscar lo mejor para sus hijos, pero lo que tenemos que ser conscientes, es que sin importar lo que a los demás les haya funcionado, si no lo sentimos como propio, no nos dará el mismo resultado.

Pero aunque tengamos claro esto y no pidamos opinión a nadie, nos lloverán consejos y comentarios de cómo educar a nuestros hijos y hacerlos “buenas personas” y cómo lograr que nuestra familia sea una “familia normal”.


El problema real es que los términos “buena persona” y “familia normal” son totalmente subjetivos, por lo tanto, habrá que saber si queremos serlo o si queremos que nuestros hijos lo sean bajo el criterio de quien lo dice. Por eso, yo creo que debemos de entender que el ser la familia tradicional o normal, no necesariamente debe ser nuestro objetivo, sino el poder darle a nuestros hijos las herramientas necesarias para que ellos puedan tomar las decisiones que la vida se encargue de presentarles y no que tomen necesariamente las decisiones que nosotros (Como sus padres) hubiéramos tomado.


Y esto si es muy complejo, porque como comentaba al inicio del escrito, en el plan previo a ser padres que hacemos, muchas veces incluimos como deseos e incluso obligaciones de ellos, el cumplir lo que nosotros hubiéramos querido para nosotros mismos y eso no necesariamente es lo que ellos quieren o anhelan.


A mí se me ha tocado que mis hijos me enseñen que muchas cosas que en mi infancia y juventud se daban por sentadas y ahora tienen un diferente enfoque. Temas como la diversidad sexual, el compromiso con el planeta, la amplitud de criterio e incluso la caballerosidad vista como un mecanismo de control más que como un gesto de galantería.


Cuando aprendemos a reconocer la personalidad de cada hijo y los apoyamos a que la desarrollen, controlando obviamente el hecho de que su libertad termina donde empieza la libertad del otro y que no porque algo les guste a ellos significa que sea bueno, empezamos a encontrar los parámetros para establecer los vínculos individuales con cada uno y damos el primer paso para el establecimiento de una relación significativa con cada uno para el resto de sus vidas.


Con el tema de SER y DEJAR SER, no pretendo expresar que se les debe dar total libertad de hacer lo que ellos quieran, porque muchas veces se ven incluidos en decisiones que van más allá de la edad que tienen y ahí es donde, se requiere que los padres sea guías y no necesariamente amigos.


Pero si en estas decisiones que tomamos como padre, tenemos la paciencia de explicar, al nivel de su edad, el porqué de la decisión, estaremos dándoles los lineamientos para que ellos se vayan formando su propio criterio. Es decir, que si en el futuro se presentara una situación similar, no tienen ellos que tomar la misma decisión que tomamos nosotros por ellos en el pasado, pero si sean conscientes, de lo que deben de analizar para tomar esa decisión.


En el caso de mis hijos, cuando nos separamos las padres y ellos se quedaron con su padre y no con su madre, esto les generó varias preguntas por parte de sus amigos y el hecho de que mamá y yo, nos tomamos el tiempo de explicarles, primero a cada uno y después a los dos juntos el porqué de la decisión, les dio herramientas para responder a esas preguntas, sin que estas les incomodaran o les crearan dudas.


Yo he tenido la oportunidad de convivir con varios padres que continúan casados, que se han divorciado, que mantienen estrecha relación con cada hijo, que se relacionan solo con el conjunto “hijos”, que tenían un formato de educación muy estricto, los que son muy laxos y cada uno tiene una razón para ser como es, pero cuando se privilegia el hecho que cada hijo es un individuo y no solo miembro de un grupo llamado familia o hijos, estas relaciones son más placenteras para todos y generan vínculos que duran para toda la vida, sin importar la edad de los hijos.


Por esta razón, el consejo es, tratemos a cada hijo como lo que es, un individuo diferente a nosotros y démosle oportunidad de que sea quien debe ser y no quien nosotros queremos que sea y seamos capaces de guiarlos en ese camino, podremos decir, que hemos contribuido al desarrollo de nuestro hijo.

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