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PAPÁ…CREO QUE SECUESTRAMOS A UN NIÑO

A lo largo de estos escritos iré compartiendo anécdotas personales que definieron mi camino como padre. Algunas de estas historias, permitirán entender mi visión como padre y el cómo llegué a esta postura y otras serán anécdotas que me han marcado en mi función de padre.


Ya lo he comentado en escritos anteriores pero quiero recalcar que, desde mi experiencia, el establecer vínculos individuales con cada uno de los hijos es fundamental no solo para la etapa después del rompimiento de la pareja (Si se diera) sino incluso durante el matrimonio.

En esta ocasión, les platicaré una anécdota que refleja perfectamente el hecho de tener vínculos directo con cada hijo. Así fue el mensaje de mi hija, la mayor y esto sucedió cuando ella cursaba el 6º año de bachillerato.


Les daré un poco de contexto, mi hija iba, como comenté en el último año de preparatoria y su hermano menor en 6º. De Primaria. En ese año, le habíamos dado a mi hija un coche y como ambos hijos iban en la misma escuela, ella se responsabilizaba de llevar y traer a su hermano menor y otro par de compañeros, que vivían por la casa y que se iban y regresaban con ella.


Era un viernes, yo estaba en una reunión en la oficina, porque los viernes procuro salir a las 3:00 como máximo para poder estar la tarde en casa y al ver que era de mi hija la llamada, me salgo de la reunión y la atiendo. En cuanto saludo, mi hija, muy nerviosa, me dice Papá, creo que secuestramos a un niño, le digo que se calme y que me explique a detalle lo sucedido.


Ya un poco más tranquila me explica que su hermano, vino con un amigo, el cual era muy común que se fuera los viernes a la casa, pero que cuando iban en camino a la casa, escuchó su conversación y se enteró que ese amigo no tenía permiso de su mamá y que lo había decidido entre los dos niños. En ese momento se detuvo y me marcó para saber qué hacer.


Lo que me importa más destacar aquí, es el hecho de que mi hija me habló a mí directamente, porque ella sabía que los temas relacionados con la escuela y relación con los papás de compañeros los llevaba yo y no su mamá. Ella identificó la situación e hizo lo que debía hacer para resolverla.


Yo creo que la mayoría de los padres, lo que harían en una situación así, sería regañar a ambos hijos, al primero por tomar decisiones que no tenía edad para tomar y a la segunda, por no haber preguntado y asegurarse que todo estaba en orden y seguramente por eso, en una situación similar la hija le hubiera hablado a su madre para que ella sí, supiera separar las responsabilidades de cada uno de los involucrados.


Como ya lo he comentado en artículos anteriores, mis hijos de llevan entre si más de 6 años y si de por sí, los(as) segundos(as) hijos(as) salen “más despiertos” que los primeros, porque siguen el ejemplo de su hermano(a) mayor, en el caso de mi familia, era muy llamativo, porque aún con esa diferencia tan significativa de edades, mi hijo menor, sentía que si su hermana podía quedar con su amiga en irse a comer a su casa, sin consultarlo con sus padres, él podía hacer lo mismo, pero su hermana iba en 6º. de Prepa y el en 6º. de Primaria, evidentemente no era lo mismo.


Por supuesto que al momento de ver a mis hijos, llegando a casa, tuve que hablar con ellos sobre este tema, pero lo hice, por separado, porque para mí estaba claro que cada uno tenía un grado de responsabilidad diferente.


A mi hijo el menor, le expliqué que aunque su hermana podía tomar ciertas decisiones sin consultarlo con nosotros (sus padres) en su caso, esto no era posible y la razón era muy sencilla, su hermana tenía edad para tomar esas decisiones y él no. Es muy importante hacerle esta aclaración, porque a los hijos siempre les parece que el o los otros hijos, reciben más atención y menos regaños que él.


Por el lado de mi hija, lejos de recriminarle el hecho de porque no supervisó y averiguó todo antes de aceptar llevar en su coche al amigo de su hermano, le dije que había hecho muy bien en detenerse y hablarme para ayudarle a resolver el problema.


Yo estoy convencido que los “regaños grupales” a los hijos, solo se deben de hacer cuando todos tienen el mismo grado de responsabilidad, si no, lo mejor es hablar con cada uno por separado. Le damos su lugar a cada hijo y podemos enfatizar o suavizar el reclamo sin que nadie se sienta subvaluado.


Por cierto, se me pasó comentar, pero el problema se solucionó de manera muy sencilla, yo me comuniqué con la mamá del amigo de mi hijo, que ya iba en camino de su trabajo a la escuela para recogerlo, le explique la situación y ella autorizó que se quedara a comer en la casa y por la tarde pasaría por él.


Por último, les reitero, como padres, no sé si por naturaleza o por educación o por alguna otra razón, tendemos a analizar las acciones de “los hijos” en plural y eso no genera dos problemas, el primero es que regañamos de más a alguno o de menos a otro y segundo, no creamos vínculos individuales con ninguno. En la medida en que seamos capaces de establecer relaciones individuales y por lo tanto análisis individuales del grado de involucramiento en la falta de cada hijo(a) mejoraremos las posibilidades de ser parte importante de la vida de cada hijo, en las diferentes etapas de su crecimiento y en las diferentes etapas de la familia.

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