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LUCHAS O CONTRASTES DE GENERACIONES

Yo creo que la generación de padres actuales y más los que tenemos hijos en edades de adolescencia y superiores, somos la primera generación que estamos aprendiendo de nuestros hijos y no solo enseñándoles. Por supuesto que como en todas las reglas, habrá sus excepciones pero en contexto general, si estoy convencido que así es.

Y me refiero a los padres que tenemos hijos que ya no son niños porque normalmente estos padres estarán por arriba de los 40 años y nos tocó ser una generación que si bien, como todas, en la infancia teníamos nuestros sueños y aspiraciones, la vida se fue encargando de que los dejáramos en un segundo plano para acometer los compromisos que no íbamos encontrando en nuestro camino y de repente, cuando nos dábamos cuenta, ya estábamos tan sumergidos en el día a día que no le dábamos la oportunidad a los sueños e ilusiones seguir siendo una opción ni siquiera de futuro, mucho menos de presente.

Fuimos una generación donde el trabajo mandaba, incluso sobre la familia y lo social. Lo justificábamos pensando que lo que hacíamos era para el bien de nuestra familia y eso justificaba cualquier sacrificio y tal vez por eso, nunca le prestamos atención a los mensajes que la naturaleza o los científicos nos advertían, porque lo relevante era que el trabajo que teníamos, no se podía dejar a menos que tuviéramos otro mejor ya asegurado y nos fuimos desarrollando en esos trabajos (muchas veces ni siquiera nos gustaban) porque era “lo que se debía hacer”. Ya habría oportunidades para disfrutar pero lo importante era seguir creciendo tanto económicamente como en posiciones dentro del mismo.

Como decía, estábamos creciendo como personas y todo lo nuevo era “necesario” tenerlo, sin importar lo que estas novedades pudieran afectar a la naturaleza o incluso a la humanidad. Como toda nueva generación creíamos tener más opciones y más capacidad para explotarlas que las anteriores generaciones pero no nos dimos cuenta o no quisimos darnos cuenta que estábamos cumpliendo más las expectativas de nuestros padres que las nuestras o estábamos tan enfocados en conseguir éxitos laborales dentro de donde estábamos, aunque no fuera nuestro trabajo ideal, que no se nos ocurría o no permitíamos que se nos ocurriera, buscar nuestro trabajo soñado para a partir de ahí, empezar a construir nuestro éxito. Yo diría que fue el boom de la era “godín”, aunque no lo llamábamos así, pero los empleos más buscados y apreciados eran trabajar ara grandes corporativos en oficinas llenas de gentes, que es la descripción que hoy en día usamos para definir a los “godínes”.

Toda esta explicación después del primer párrafo, me sirve para poder retomar, justo con lo que comentaba en él y es el hecho de que hoy, si bien la función de los padres es enseñar y guiar a nuestros hijos(as) también podemos aprender de ellos(as). Sobre todo debemos de aprender a que en la actualidad los adolescentes y adultos jóvenes que son nuestros hijos, han tenido una oportunidad que no tuvimos nosotros y mucho menos nuestro padres y demás ancestros. Me refiero a la oportunidad de cuestionar la autoridad, pero no por el hecho de quien tiene el poder y la experiencia para la toma de decisiones sino en el aspecto que hoy el conocimiento está mucho más al alcance de la mano y eso nos permite evaluar los temas no solo desde la perspectiva del conocimiento adquirido y la experiencia desarrollada, sino desde la ilusión y los sueños de nuestros hijos. Algo que las generaciones de antes nunca tuvieron, porque también nunca lo permitieron. Nosotros si podemos contrastar las visiones de futuro desde, al menos, dos ópticas y eso hace que esas visiones tengan dos escenarios que son diferentes, algunas veces incluso hasta opuestos y contrastar cual realmente quisiéramos y/o en cual realmente creemos, pero esto no hace más que enriquecernos y algunas veces, hasta sorprendernos.

Los padres que tienen hijos(as) que aún son niños, prepárense, porque la complejidad de la paternidad para ustedes será aún mayor, pero en contraparte será aún más enriquecedora también.

Tratando de evitar caer en el encasillamiento de las generaciones por años de nacimiento, si quiero comentar que lo normal es que la nueva generación se crea superior a la de sus padres y busquen esquemas que rompan los paradigmas o reglas que marcaban la conducta de la generación anterior (la de sus padres). Pero eso hace también que cuando llegamos a que ambas generaciones (la de hijos y la de sus padres) sean adultas haya grandes brechas difíciles de solucionar.

En épocas anteriores estas diferencias se resolvían relativamente fácil, se imponía la generación de más edad y la de menor edad, asumía su rol, hasta que estuviera en posibilidad de estar al mando y entonces sí, impulsar sus ideas. Porque la realidad era que tampoco la generación de hijos, tenía una forma fácil o sencilla de demostrar su teoría e incluso cuando la pudiera hacer, la autoridad del de más edad, simplemente se imponía.

Por eso ahora para nosotros los que somos padres de hijos pertenecientes a la generación llamada Milenniall (Ahora si usaré el nombre de la generación para poder abreviar la descripción de los que perteneces a ella) nos sorprendió a veces agradablemente y otras no tanto, el hecho de ser tan cuestionados por nuestros hijos(as), algo que generalmente nosotros no hicimos con nuestro padres y para la cual no estábamos preparados pero si fuimos los responsables de desarrollarles o permitirles desarrollar esa capacidad de cuestionamiento.

Y el asunto va aún más allá, cuando nos encontramos con los Milennialls en la vida laboral y vimos que su actitud ante el trabajo se sale de lo que “se debe de hacer” nos genera más conflicto. Nos sorprendimos cuando cuestionaban a sus jefes, sin tener la experiencia laboral necesaria para hacerlo, criticamos que ellos valoren casi en la misma proporción la parte social que la laboral, cuestionamos que seamos nosotros los que tengamos que aprender a dirigirlos, cuando lo “normal” es que el subalterno se tenga que adaptar al jefe. Los presionamos para que “sienten cabeza” tanto en lo social como lo profesional a la edad en que nosotros lo hacíamos. Seguimos buscando justificaciones para nuestras acciones que han causado tanto daño a la ecología, a la naturaleza, a actuar con “normalidad” a tener la humildad de reconocer lo que dicen los mayores, porque ellos tienen la experiencia y de repente nos damos cuenta que sus hábitos de consumo y comida son más saludables e incluso más amigables con el medio ambiente.

Pero ellos, recibieron de sus padres el derecho a réplica, desde que eran niños, tuvieron acceso a la información incluso desde antes de comprenderla, por lo que fueron capaces de juntar información con sueños y crear futuros muy diferentes a los que hubiéramos imaginado. Pudieron convivir con los mayores en situaciones de igualdad y aprender incluso en reuniones familiares y sociales. Desarrollaron habilidades adicionales por el manejo de la tecnología y todo esto les permitió ver el mundo desde mucho antes con otros ojos, no solo con los ojos de lo que “debe ser” sino con los ojos de lo “puede ser”.

Por ejemplo en mi caso particular, mi hija, desde niña fue muy inquisitiva, para todo lo que le decías, oía o veía venía un ¿Por qué? Y conforme fue accediendo a la tecnología, cada vez los ¿Porqués? Eran más difíciles de responder y no se podía improvisar, porque entonces ella lo consultaba y regresaba con una nueva pregunta. Si bien ella en su infancia no tenía tan claro que quería hacer de grande, al llegar a la adolescencia si empezó a enfocarse mucho más y perseguir lo que quería sin importar que los demás (incluidos sus padres) pensaran que era posible, viable o recomendable. Algo, que al menos dentro de entorno familiar, no era algo común, los padres te daban ciertas libertades en la elección pero dentro de “ciertos límites”

En el caso de mi hijo, durante la infancia, tampoco es que tuviera muy claro que le interesaba de futuro, aunque el sí, al final de su infancia ya sentía gran afinidad con la música, fue hasta la secundaria cuando esta se convirtió en una vocación, más importante aún que la académica. Si yo le hubiera demostrado a mi padre que la música me importaba más que la escuela, me habría dejado muy claro mi error y me habría tenido que regresar al “buen camino”

En un artículo posterior, quiero platicar del apoyo a los sueños de nuestros hijos, como ayuda al crecimiento como personas, no solo de ellos sino también de nosotros, los padres que va de la mano con este tema de contraste de generaciones.

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