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LA FAMILIA EXTENDIDA

Si bien es cierto, cuando se da la separación de una pareja, es muy común que uno o las dos personas involucradas en la relación, quede sensiblemente dolido y esto hace que el acuerdo para la separación no se tenga en los mejores términos. Sin embargo, cuando hay hijos derivados de esa relación de pareja, si tenemos que pensar muy bien en un acuerdo de separación que genere el menor daño posible a todos los involucrados y que por otra parte, permita situaciones en las que se beneficien a todos.

El hecho de no ser capaces de mantener una relación de pareja hasta que la muerte nos separe, es un problema, pero si somos capaces de establecer una dinámica que permita que, por el bien de los hijos, no sea dañina para nadie, entonces habremos conseguido, que ese fracaso, sea solo temporal y tendremos la oportunidad de rehacer nuestra vida, incluso con una nueva pareja y que todo esto no impacte de manera negativa en nuestros hijos(as) o en su desarrollo emocional y personal.

En el artículo de PATERNIDAD COMPARTIDA, ya había comentado que independientemente de la razón que haya motivado la ruptura en la pareja, hay que tener la cabeza fría para poder establecer un acuerdo de separación que permita que todos los integrantes de la familia puedan salir adelante con su vida de la mejor manera posible. Finalmente, el objetivo es que para los hijos(as) sea lo menos traumante posible.

En el escrito de TERMINAR UNA RELACIÓN NO ES TERMINAR CON LA FAMILIA, explicaba mediante un ejemplo, la que sucede cuando el acuerdo es que la mamá se quede con los hijos y que el papá los vea un fin de semana cada dos semanas y comentaba que en ese acuerdo, básicamente todos salen perdiendo.

También comenté de mi caso personal en el escrito de ¿QUIEN SE QUEDA CON LOS HIJOS?, donde explicaba por qué en mi caso yo me quedé con mis hijos y no lo hizo su mamá.

La última referencia a este tema, la hice en el escrito INICIANDO LA VIDA DE PAPÁ SOLTERO en donde contaba algunas anécdotas que tuvimos que sortear por el hecho de que mis hijos se hayan quedado conmigo.

Ahora bien, la intención de volver a hablar sobre el tema del acuerdo de separación, es para profundizar un poco, primero es como lograrlo (bueno, como lo hicimos nosotros) y después en porque es conveniente mantener una sana relación entre los padres después de la separación.

Iniciemos entonces platicando de cómo establecer un buen acuerdo durante la fase de la disolución de la relación de pareja, para sentar las bases sobre las cuales se definirá la relación de los padres post rompimiento. Esta parte es muy complicada, porque las rupturas normalmente son abruptas y como ya lo he mencionado, donde al menos uno si no es que los dos padres se sientes muy dolidos, traicionados pero casi siempre enojados, entonces poder negociar en esas circunstancias es muy complicado.

Sin embargo, el proceso de divorcio o de acordar términos de la separación si es algo que dura un poco más y es entonces cuando se debe de tratar de terminar la relación en los mejores términos para quienes sigan estando dentro de ella, es decir para los hijos.

Entonces durante ese periodo, ya no es lo más importante determinar quién y en que falló, lo relevante es hacer que la transición y el futuro de los hijos, sean los más sanos y estables posibles. Es decir, que en lugar de que sufran los estragos de la desintegración de la familia, entiendan que más que desintegración de la familia lo que va a pasar es un evolución a un nuevo formato de familia, en la cual, habrá más de un hogar familiar y en cada una de esas casas habrá la posibilidad que tanto el padre como la madre tengan nuevas parejas y se forme entonces la “familia ampliada”

En esta “familia ampliada” el padre y la madre siguen siendo los mismos y mantendrán el cariño y disposición para con cada uno de los hijos(as) pero muy probablemente habrá dinámicas diferentes en cada casa y los hijos(as) tendrán que entender las diferencias y aprender a vivir con ellas, pero para esto se requiere del trabajo en equipo de los dos padres.

Resumiendo, el divorcio o rompimiento de una pareja que tiene hijos(as) no es el fin de la relación entra ambos padres sino el principio de una nueva relación entre ellos. Si logramos entender esto, entonces sí, sin importar el dolor, frustración o coraje que tengamos contra nuestra ex pareja, estaremos en posición de definir las bases para esta nueva etapa, priorizando a los hijos(as) por encima de los sentimientos de los padres y podremos establecer las condiciones sobre las cuales esta relación ayudará en el desarrollo de ellos(as).

Yo sé, que es mucho más sencillo dar consejos que seguirlos, y opinar desde afuera sin sentir lo que sienten los protagonistas, pero créanme que se puede y lo digo por experiencia propia, crear las condiciones ideales para que aún a pesar del daño que pueda causar la disolución de la pareja, los hijos(as) no resulten muy afectados.

Porque a veces causa más daño que los hijos(as) sean testigos, de las constantes peleas entre los padres que el hecho de tener que convivir con padres separados.

Básicamente yo creo que hay 3 puntos que son los más relevantes para lograr que esa familia ampliada genere la confianza y el apoyo que los hijos(as) necesitan para tener un desarrollo emocional y personal tan bueno o mejor que dentro de la familia como al principio tenían.

El primero es que ambos padres deben de tener la oportunidad de disfrutar o la obligación de participar en las actividades escolares o extra escolares de los hijos, por igual, por lo que será muy probable que, pese al resentimiento que pudieran guardarse, deberán entender que en este tipo de eventos, al prioridad es ser padre y no reclamar acciones de pareja incumplidas. Para que esto sea menos dañino o incómodo para los padres, pueden determinar si en estas ocasiones asistirán solo los padres o pueden incluirse a las nuevas parejas. Si bien es cierto que esto se debería platicar desde el acuerdo de separación, la realidad es que en el trascurso del tiempo se puede ir ajustando de acuerdo a las circunstancias, respetando siempre el acuerdo que esté vigente.

El segundo punto sería, reconocer, sin importar el motivo de la separación, que en lo que respecta a la educación y formación de los hijos(as), ambos padres tienen que trabajar en equipo y compartirse y comentar, solo entre ellos dos, información que sea de importancia para el hijo(a) o para la evaluación del estado emocional o para fortalecer el autoestima de uno o todos los hijos(as). Para esto pueden tener conversaciones telefónicas en las cuales se hable de estos temas, sin incluir los reclamos, por merecidos que sean, de un padre al otro. Los hijos requieren de la guía de los padres y en la medida en que ambos padres estén informados de la situación de cada hijo, podrán, cada uno, involucrarse y ayudarlo.

Y el tercer punto es que sin importar la imagen que un padre tenga del otro, no se debe hablar mal de ellos con los hijos. Pensemos que cuando nosotros (justificadamente o no) hablamos mal de su madre, es muy probable que ella hable mal también (justificadamente o no) de nosotros con el hijo, lo que provoca que nuestro hijo, tenga dos padres que como dice el dicho, de los dos no se hace uno. Los hijos deben tener confianza, cariño y admiración por ambos padres, es fundamental para su seguridad y el demeritar a uno o a los dos, lo único que provoca es que ellos se sientan o responsables o afectados por la separación y esto acabe en una inseguridad personal y por lo tanto, mucho más fácil presa de lo que los padres llamamos “las malas influencias”. Nos pasamos la vida cuidando que estas “malas influencias” no impacten en nuestros hijos y acabamos siendo los padres los principales facilitadores para impactarlos.

Porque los comentarios negativos de un padre hacia el otro, nuevamente sin importar que estén justificados, afectan a nuestros hijos justo en la seguridad en sí mismos, por un hecho muy simple, si la roca de la que debo asirme para levantarme cuando caigo o salir del hoyo en que me siento metido, es un inútil, mala persona, egoísta, etc. (todas esas cosas que por dolor se dicen de la ex pareja) pues ya estuvo que nunca saldrá adelante.

Resumiendo, hay que aprender a convivir con la ex pareja en los eventos relevantes para los hijos y comportándonos cordialmente, mantener comunicación entre ambos padres en temas propios de actitudes y emociones de los hijos, hacerlo abiertamente y por separado de los reclamos que quieran hacerse, es decir, trabajar en equipo por el bien de los hijos y evitar lo más posible, dañar la imagen de alguno de los padres con los hijos. Esos reclamos se harán en privado, sin los hijos de por medio.

Son 3 simples reglas, que nos permitirán, tanto a hijos como padres, no solo sobrellevar la vida después de la separación, sino incluso, nos permitirán disfrutar la vida a pesar de la separación.

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