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¿HASTA CUANDO SER UN PADRE ADMIRABLE?

La respuesta a la pregunta planteada en el título que todos los padres quisiéramos dar es PARA SIEMPRE, sin embargo, el tema es un poco más complejo que solo una respuesta simple. Porque tendríamos que definir primero que es un PADRE ADMIRABLE, pero además tendríamos que ponernos en el contexto de la edad de cada hijo(a), porque dependiendo de la etapa de desarrollo en la que se encuentra cada uno de los hijos(as), el ser admirable puede significar diferentes cosas.


Lo importante es que debemos tener muy claro que, como ya lo platique es algún escrito anterior, no hay reglas para ser un buen padre que se puedan aplicar a todos, por lo que tenemos que ir aprendiendo sobre la marcha, con el crecimiento de cada hijo y si bien, tenemos que tratar de ser justos con cada hijo, no tenemos porque en aras de proveer equitativamente a todos los hijos, tomar las mismas decisiones, porque cada hijo(a) es diferente y una vez que estemos dentro del contexto de la situación particular de cada uno, si usar un criterio similar para lo toma de decisiones.


Por supuesto que el ser un Padre Admirable cambia de acuerdo con la perspectiva de quien lo vea. Seguramente mucho hijos pensarán que un Padre Admirable es aquel que los consiente y les permite cualquier cosa, mientras que para los papás el ser genial iría enfocado en darle los elementos para que el(la) hijo(a) alcance el potencial que creemos que tiene.


En otro escrito anterior también comenté que muchos padres tenemos una idea preconcebida de cuantos hijos queremos tener y hasta proyectamos como serán de adolescentes y adultos, pero que, una vez que naces y crecen nuestros hijos, notamos que la teoría es mucho más sencilla que la realidad.


Como padres, lo que si hacemos es que determinamos nuestra forma de educar a los hijos, algunos prefieren ser muy dominantes, otros muy relajados, incluso dejarle la responsabilidad de la educación a la mama y ser solo proveedores y la realidad es que algunos les funciona la estrategia y a otro no tanto.


Hay un dicho popular que dice “Ni tanto que queme al santo ni tanto que no la alumbre” y creo que este refrán aplica a la perfección cuando de la educación de los hijos se trata. Porque si bien, como padres, tenemos que tener una idea clara de la forma en que queremos educar a nuestros hijos, siempre hay que ceder o apretar un poco, dependiendo de las circunstancias, así podremos lograr no solo educar sino permitir el desarrollo individual de cada hijo(a).


También es cierto que como padres, muchas veces caemos en la tentación de querer que nuestros hijos cumplan con los sueños que nosotros no pudimos cumplir y lo vamos orillando, a veces, forzando en otras a que se orienten a lo que nosotros pensamos que es lo mejor para ellos, pero siempre pensando como nosotros y no analizándolo desde su punto de vista. Es claro que en las primeras etapas del desarrollo de cada hijo, es nuestra función y nuestra obligación como padres, el tomar las decisiones en su nombre, pero si nos tomamos el tiempo de explicarles el porqué de la decisión, en términos que ellos entiendan, podremos además de apoyarlos en su desarrollo, orientarlos para que vayan entiendo lo complejo que es la vida. El hecho de que les expliquemos no hará automáticamente que estén de acuerdo con nosotros, pero si sentará las bases para crear un vínculo individual con nuestro(a) hijo(a), que no vaya creando un espacio en su vida, una vez que el o ella, empiecen a estar en edad de tomar sus propias decisiones.


Con la cantidad de información que hoy está al alcance de los hijos(as), gracias a la globalización, al internet y a las pláticas, cada vez más complejas, con compañeros y amigos, el hecho de poder guiar a nuestros hijos es mucho más complejo. Porque en la etapa inicial de los hijos(as) el que el papa sepa más que ellos, hace que su papa sea genial, pero hoy que todo lo que les digas, lo pueden confirmar en internet y si lo que dijiste no se ajusta a la realidad, no solo la percepción de la genialidad, sino incluso la percepción de la autoridad de los padres se puede ver afectada.


Por eso es tan importante, el tomarse el tiempo de explicar en términos que el hijo(a) puedan entender para que independientemente de lo que se diga en internet sobre el tema, le quede claro que para cada persona, las situaciones pueden ser diferentes dependiendo del contexto, aunque en términos generales sean muy parecidas.


Yo soy un convencido de que, como dice otro dicho popular, todos los extremos son malos, por eso aunque nuestra educación sea preferentemente exigente o rectora o sea relajada y permisible, habrá situaciones en las que debamos comportarnos más flexibles, pero sobre todo, explicar por qué en esa situación especial se actuó diferente al estándar ya sea con ese hijo(o) o con su hermano(a).


Casi todos los hijos sienten que sus padres son más flexibles o condescendientes con su(s) hermano(s) que con ellos, pero la realidad es que cada hijo quisiera ser el consentido y nunca regañado, por lo tanto, aunque tratemos de ser justos con todos los hijos, para ellos la percepción será otra.


Retomando el tema del título, en el que preguntábamos hasta cuando ser un Padre Admirable, la respuesta correcta sería, para toda la vida de nuestros hijos, pero como dije al inicio, el cómo serlo varía dependiendo de la edad de cada hijo, sin embargo, hay algunas características desde mi punto de vista fundamental, que es común a todas las etapas del desarrollo de nuestro hijo(a), que no choca con el tipo de formación que hayamos decidido para nuestros hijo, que nos permitirá ser considerados así.


Y esas características comunes es que seamos capaces de generar en nuestros(as) hijos(as), primero la confianza de ser un confidente y consultor en temas de decisiones difíciles o complejas, sabiendo que escucharemos y daremos la importancia que nuestro hijo(a) asume que tiene esa situación en particular. Segundo que hallamos generado una empatía tal, que nuestro hijo quiere participarnos de sus logros y éxitos, sabiendo que los disfrutaremos tanto como ellos y tercero que sientan la solidaridad de nuestra parte y sepan que pueden contar con nosotros en los momentos más tristes o frustrantes que sufran, contando que nosotros entenderemos lo que para el(ella) significa estar en esa posición.


Resumiendo, cada padre tendrá que tomar la decisión de la forma de educar a sus hijos, ya sea por decisión propia, por consejos de tercero o por ambas, pero si logramos que nuestros hijos nos compartan los momentos importantes, ya sean tristes, alegres o difíciles, podremos decir con orgullo, que somos geniales como papás y seguramente así nos describirán nuestros hijos.

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