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ESOS LUGARES ICÓNICOS EN LA RELACIÓN PADRE-HIJO(A)

Cuando hemos sido capaces de establecer vínculos individuales con cada hijo(a), empezamos a trasformar ciertos lugares en lugares icónicos en nuestra relación. Estos lugares se vuelven icónicos no por el hecho de ser los mejores o incluso los más visitados, sino que nos generan recuerdos de situaciones que tuvieron algo que ver con ese lugar y los incorporamos a nuestras vidas con ese calificativo.

El caso de los “lugares icónicos” es que pueden serlo para toda la familia, para el padre con todos sus hijos(as) o como decía al principio solo de padre-hijo(a). En esta ocasión, el lugar del que les platicaré, si bien es común a mis dos hijos, creo que solo con mi hija este es un lugar icónico en nuestra relación.

El lugar icónico al que me referiré el día de hoy es Sublime hamburguesas, que es un restaurante de hamburguesas ubicado en Bosque de las Lomas, en la calle de Bosque de Duraznos, para ser más preciso y que no solo preparan grandes hamburguesas sino que tienen una de las mejores ensaladas Cesar que he probado y unas papas excelentes y no, no tengo ningún interés adicional en hablar de este lugar, más que el hecho que ha estado ligado a una serie de acontecimientos entre mi hija y yo, que nos ha hecho tenerlo siempre presente en nuestras vidas.

Toda mi vida he vivido en el sur de la ciudad, por lo que referirme a un lugar ubicado tan lejos de “mis rumbos” y que por esa razón no es uno de los restaurantes que más frecuentamos, puede sonar curioso, pero es más curioso aún como algunos lugares se vuelven importantes por las anécdotas que puedas contar ligadas a ellos.

Mi primer contacto con Sublime, fue el que dio el primer paso para convertirlo en lugar icónico en la relación con mi hija. Yo tenía una cita en Xerox, que está a solo dos edificios de distancia y quedé de comer con mi querido amigo Paquito, quien trabajaba ahí y con un compañero suyo que era compañero de nosotros y amigo desde mi época de preparatoria en el CUM y que había dejado de ver desde entonces. Ellos seleccionaron el lugar y yo no terminaba mi junta, así que les avisé para que me pidieran algo y ellos me pidieron (no sé por qué razón siendo un lugar de hamburguesas) un ensalada Cesar, justo cuando iba llegando yo, me la trajeron y en ese momento recibo una llamada de la escuela de mi hija. La verdad me hablaban para muchos temas no tan importantes, así que les dije que estaba en una comida de negocios, que si era urgente o me podía reportar más tarde. Me comentan que no es tan urgente, que mi hija había sufrido un accidente que le dolía mucho el pie, pero que no había sangre y aunque parecía se había fracturado el pie, no tenía sangre.

Obviamente, yo si clasifiqué la situación como urgente y lo único que pude hacer es pedir que me pusieran la ensalada para llevar, agradecer a mis amigos y despedirme sin poder platicar y ponernos al día, que era el motivo de la comida. Les aclaro que la escuela de mi hija estaba al otro lado de la ciudad. Para los que conocen la ciudad de México, les diré que estaba por Taxqueña y Tlalpan. Obviamente me tarde casi una hora en llegar, aun cuando fui lo más rápido que pude.

Al llegar por mi hija, sus amigos la sacaron en una silla de ruedas, la subimos al coche y nos fuimos de ahí al Sanatorio Durango, porque ahí estaba un ortopedista muy bueno recomendado por mi hermano.

En el camino, le pregunté si tenía hambre y como traía la ensalada Cesar y ella si tenía mucha hambre, se la di. Obviamente después de todo ese recorrido a las 2:00 de la tarde, la ensalada se había calentado y no estaba en su mejor momento, pero aun así para ella resultó espectacular.

Llegamos al Sanatorio Durango, confirmaron el diagnóstico, la curaron y le enyesaron casi hasta la rodilla, salimos de ahí hacia la casa y lo bueno es que su recuperación fue de acuerdo a lo programado y sin muchos sobresaltos.

Sin embargo, tanto ella como yo, nos quedamos con la duda, que tal sabría esa ensalada si la hubiéramos comido a temperatura normal y recién preparada, así que programamos un sábado para ir a comer ahí en familia y poder comprobarlo.

Desafortunadamente, Sublime no abría los fines de semana, al estar en un zona de oficinas, pues solo tenían servicio de lunes a viernes, así que nos quedamos con las ganas de confirmarlo, pero no por mucho tiempo, porque un par de semanas después pasé por ella y por mi hijo al colegio que estaba, como nuestra casa, en el sur de la ciudad y emprendimos el camino de casi una hora para llegar hasta allá y probar, por fin, esa ensalada.

Generalmente cuando no puedes comer en un restaurante en el que tienes muchas ganas de comer, las expectativas son altas y a veces, no se cumplen, sin embargo, este no fue el caso. Además de ensalada, pedimos hamburguesas y papas y resulta que todo nos gustó mucho. De hecho, me atrevo a decir que si hubiera estado más cercano a nuestros rumbos, hubiéramos sido muy asiduos visitantes, pero por la distancia, espaciamos mucho las visitas.

Mi hija quedó, por decirlo de alguna manera “enamorada” del lugar y como decía a pesar de la distancia, si regresamos algunas veces. Una de estas veces, nos llevamos a su amiga y su hermano, con quienes hacíamos ronda a comer hasta allá. Ellos se mostraron muy sorprendidos como íbamos a ir hasta allá, solo para comer una hamburguesas y ensaladas, pero después de la experiencia, estuvieron de acuerdo es que valió la experiencia y el retraso en la hora de la comida.

Para segundo de prepa, como ya comenté en algún escrito anterior mi hija tuvo su primer coche y una de sus primeras experiencias de manejo de “larga distancia” fue ir con sus amigos a Sublime y después de eso, cuando estudiaba en la Ibero, también fue en algunas ocasiones más.

Esta semana, no sé cómo recibió un mensaje vía WA o FB, avisando que Sublime tenía servicio para llevar y de entrega a domicilio incluso los sábados y domingos. Obviamente debido a la pandemia, a que ya no va la misma cantidad de gente a las oficinas, pues habrán tenido que expandir su servicio a los fines de semana y entonces nos vino a la memoria y no solas anécdotas que ya les compartí, sino también la primera vez que mi hija chocó, en Polanco, venía bajando de haber ido a comer con sus amigos en Sublime y yo tuve que ir a alcanzarla para resolver el tema del seguro.

Otra vez, que ella había ido a Sublime, por dejar su coche donde no debía, se lo llevó la grúa y tuve que ir a “rescatarla”. Así que como verán tenemos grandes anécdotas ligadas a este lugar, motivo por el cual, merece ostentar el título de “icónico” en la relación padre-hija.

Por supuesto, ya quedamos que la próxima semana iremos a Sublime a recordar no solo las historias que nos ligan con ese lugar, sino los sabores que aún tenemos presentes. Pero lo que motivó a hacer el presente artículo no es en beneficio de Sublime, sino en mostrar cómo hasta un lugar sencillo y lejano puede ser un lugar importante en la relación con nuestros hijos(as) y darnos recuerdos y temas de conversación a lo largo de toda nuestra paternidad.

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