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ECONOMÍA FAMILIAR COMPARTIDA

Aunque en este escrito trataré de abordar varios temas de las relaciones intrafamiliares y no únicamente el económico, pero creo que podemos usar el factor económico para describir la nueva forma de relacionarse en la familia, eliminando los roles de género tan firmes como existían antes.


Como ya he comentado en escritos anteriores, en las familias tradicionales los roles de los integrantes estaban claramente definidos, sin embargo, en las que yo llamo familias contemporáneas, estos roles ya no son tan fijos y generan una real convivencia de individuos dentro de las familias.


Partamos entonces del factor económico, cuando el padre no es el único responsable de los ingresos de la familia, de entrada, nos podemos ahorrar el dicho popular que dice “El que paga manda” y segundo generamos que la relación de la pareja, sea de individuos con responsabilidades compartidas, pero también que la toma de decisiones no sea solo colectiva sino personales también.


Ahora bien, si ya los ingresos no sólo dependen del padre, el cuidado de los hijos y de la casa no dependerá únicamente de la madre, pero lo importante aquí es como se califica es aportación de cada uno al beneficio de la familia. Porque no se trata de pensar que si la mamá “ayuda” con el sustento, el papá “ayude” con el cuidado de la casa y los hijos, sino de entender que la maternidad y la paternidad, significan aportar a la familia algo más que lo que tradicionalmente aportábamos. Resumiendo, no es ayuda entre la pareja, es asumir su rol de una manera más completa.


También es cierto que, hoy en día, el que una familia subsista solo con un ingreso es cada vez más complicado y menos probable, por eso, no se trata de que evolucionemos hasta esta situación sino que nos adaptemos a la realidad actual.


Cuando ambos padres trabajan, se simplifica el hecho de la participación de los dos en las demás actividades propias de la familia y como ambos tendrán que destinar tiempo a sus trabajos personales, tendrán también que distribuir sus tiempos en la atención de las actividades de los hijos(as). Con esto se genera una inercia diferente en la familia y le simplifica a los padres a crear vínculos individuales con cada hijo, porque al tener que atender ciertas actividades de los hijos, facilita la creación de situaciones en donde solo estén involucrados él y su hijo(a).


La forma es que se distribuye la aportación de los ingresos por familia, es variable, algunos preferirán crean una cuenta familiar y de ahí pagar los gastos, algunos otros dividirán que gastos paga el padre y cuales la madre, en fin cada familia determina la forma en que la economía familiar se administra, pero lo importante es que la participación en los ingresos familiares sea acorde a los ingresos individuales de los padres, para que de esta manera, cada uno tenga la posibilidad de hacer actividades individuales que no necesariamente tengan que ver con la familia, sino que puede ser actividad extra familiares, amigos(as) compañeros de trabajo, etcétera.


En varios escritos he manifestado que es importante que se considere a los hijos como individuos y nos solo como el conjunto “hijos” para permitirles a ellos irse desarrollando hacia los temas o acciones que más les apasionen o que más bienestar les genere, de la misma manera, el hecho de que ambos padres tengan actividades individuales, enriquecerá el contenido informativo y de desarrollo de la familia.


Yo siempre he creído que aunque suena muy romántica la frase “Tu eres mi vida” y a las parejas le resultan muy atractivo que se las digan, el llevarla a la práctica al 100% es dañino. No se debe de hipotecar nuestra vida a nadie, ni siquiera a los hijos o a la pareja, porque si cualquiera de ellos o todos son nuestra vida, entonces no tendremos nada que aportar a la relación familiar o de pareja. Desde mi punto de vista, lo ideal es que yo tenga mi vida propia y decida voluntariamente que mi pareja y mis hijos sean una parte muy importante de ella, porque de esta manera, siempre tendré algo nuevo que aportar a la relación ya sea de pareja o familiar.


El simple hecho de que los dos padres generen ingresos para la familia, cambia también la perspectiva de los hijos, porque sin tener que hacer un gran esfuerzo, ellos entenderán que su papel en la vida y en su futura familia, no será solo el que la tradición le impone, sino el que ellos(as) vayan construyendo, en base a lo que más les apasiona o más les atrae. Por lo tanto, ni siquiera es relevante quien de los padres gana más, sino que ambos trabajan y a lo largo de relación de la pareja puede ser que haya momentos en que el padre y otros en que la madre sea el que más aporte. Pero el hecho de trabajar y tener compromisos fuera de la familia, también le da a ambos padres, más experiencias y más temas de los cuales platicar en la familia.


Un amigo tenía una frase que decía: “Imagínate que tan feo será trabajar, que hasta te pagan por hacerlo” Y aunque esta frase suena lapidaria y desafortunadamente se cumple en muchas ocasiones, porque las necesidades económicas no se detienen y hay muchas personas que trabajan en empleos que no les gustan pero que les dan los ingresos o parte de ellos que necesitan para continuar con su vida.


La nueva generación de empleados, a los que llamamos milenial, creo que ha entendido mucho mejor el concepto del trabajo y ellos buscan trabajos que los apasionen, que les genere retos, peor lo más importante y que es algo que las personas de mi generación generalmente no hacíamos, es que no les tiembla la mano en dejar un trabajo por no ser el que esperaban incluso antes de tener otro que cubra sus necesidades.


Los milenials son una generación como todas que nace por consecuencia y contexto. Ellos no quieren seguir con las malas prácticas de nuestra generación. Por eso debemos educar con el ejemplo y ser feliz es primordial en todos los ámbitos de la vida. La vida no solo se trata del trabajo o del dinero, sino de ser lo más feliz posible con lo que hacemos.


Para mi generación, el renunciar sin tener otro trabajo era visto muy mal y muchos tuvieron que soportar trabajos desgastantes y desmotivantes solo por el hecho de no tener otro trabajo ya confirmado que les entusiasmara más y si no lo conseguían, seguían en su trabajo por años, aun sabiendo que nos les gustaba. Yo creo que incluso, en muchos casos, era esa la educación que recibimos de nuestros padres. Sin embargo, hoy que las relaciones de padres-hijos es mucho más cercana, hemos sido nosotros, lo que hemos preparado a nuestros hijos a buscar algo mas allá, que solo dinero cuando se busca o se mantiene un trabajo.


El hecho de que la economía familiar no recaiga en una sola persona (generalmente el padre, cuando están ambos padres presentes en la familia) hace, como decía un poco más arriba, que los roles en la familia, no sean tan rígidos y que la relaciones familiares, entre todos los integrantes de la familia no sea solo en conjunto sino que se creen relaciones mamá-hijo(a); mamá-papá y papá-hijo(a) y el hecho de que por necesidad o decisión ninguno de los padres pueda invertir el 100% de su tiempo en la familia permite que estos vínculos individuales se desarrollen y lo que es mejor, les da a los hijos una nueva perspectiva para que ellos puedan ir encaminando su vida. Porque además, no solo se trata de quien aporta dinero, sino de quien aporta tiempo, esfuerzo, cariño para el desarrollo de la familia y eso facilita mucho el no caer en estigmatizaciones de género, algo que como se ha visto en estos últimos días, ha generado una reacción por parte de las mujeres.

Si en la relación en la familia hay equidad de género, cuando nuestros hijos desarrollen sus relaciones personales, amigos, novias, jefes, compañeros, etcétera, les resultará hasta raro, aquellas personas que no practiquen la igualdad de oportunidades en base a género o incluso en base a otras preferencias y se opondrán a ello, evitando con esto, seguir propagando el Patriarcado y machismo, que hoy nos está afectando tanto.


Resumiendo, si bien el hecho de que los ingresos familiares sea responsabilidad de ambos padres, no hace por si solo que la visión de la familia cambie, si ayuda a que las demás funciones dentro del ámbito familiar sean igualmente compartidas y se generen las condiciones para estas que yo llamo “familias contemporáneas” capaces de entender mejor la realidad que estamos viviendo, pero sobre todo la que vivirán nuestros hijos cuando empiecen con su vida independiente.

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