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DE PAPA PRIMERIZO A PAPA CON “EXPERIENCIA”

Es obvio que el ser padre por mi primera vez, genera muchas más incertidumbres que cuando nace el segundo o demás hijos(as), porque si bien es cierto que en el trascurso de nuestras vidas, vamos interactuando con otros padres, incluso el nuestro, la realidad es que cuando lo vivimos en carne propia, ni las ideas preconcebidas, ni los consejos que nos lloverán, nos dan la soluciones inmediatas a las dudas o problemas que vamos encontrando a lo largo de la vida de nuestros hijos.

Cuando yo era adolescente, me hice fanático de la tira cómica Mafalda, escrita por Quino y leí los 10 libros en más de una ocasión y tengo que reconocer que gran parte de mi filosofía de vida, la fui desarrollando a partir de esta historieta. Sobre todo, hay unos 5 o 10 “cuentos” “historias” “tiras cómicas” o no sé exactamente como llamarles, que me atraparon y que marcaron mi forma de ser desde entonces hasta la actualidad y justo uno de ellos, aplica para este artículo.

En el “cuento” en cuestión se veía a un personaje que tenía un duda grande y muy real y recurre a sus amigos, el primer amigo le dice “yo en tu lugar haría….” El segundo amigo le dice “Yo en tu situación haría…” y la tercer amiga le comenta “Si me pasará lo que a ti, yo haría….” Y el final de la historia, este personaje reflexiona sobre que ya sabía que haría fulano en su lugar, que haría zutano en su situación y que haría mengana si le pasara lo que él, pero que aún no sabía que haría el en su lugar, que haría el en su situación y que haría el si le pasara lo que le pasó.

Y justo de eso se trata la idea de este escrito, antes de que tengas tu primer hijo(a) por un lado, tú ya tienes una idea preconcebida de cómo vas a establecer la relación padre-hijo(a), justo como lo comento en el artículo SER Y DEJAR SER y por otro lado, te llegan opiniones de todas partes, muchas veces sin pedirlas de lo que “debes” hacer para ser un gran padre, pero hasta que no “debutas” como padre, es decir, hasta que nace tu primer hijo(a) podrás entender, lo complejo que resulta serlo y lo diferente que resulta la realidad de lo planeado.

Porque como ya lo platique en el artículo ¿HAY REGLAS PARA SER UN GRAN PADRE? Cada hijo es diferente y por lo tanto requiere una forma única de interactuar con él para poder guiarlo a conseguir los que el (no lo que nosotros) quiere lograr o alcanzar en su vida.

Entonces los que tuvimos que cuidar sobrinos o convivir con otros padres previos a ser padres por primera ocasión, sentimos que ya tenemos “algo” de experiencia y que por lo tanto, no nos será tan complicado, pero es que si hay una gran diferencia entre entretener por unas horas a un niño(a) que en ser el responsable de que ese niño(a) alcance su plenitud y encuentre la manera, ya no digamos de ser feliz en su vida, sino de ir sobrellevando las etapas de su desarrollo hasta encontrar su propio yo y la personalidad y el carácter que lo definirán para el resto de sus días.

Y las complejidades se incrementan cuando no entendemos o no descubrimos por qué el (la) bebé llora insistentemente y hemos aplicado ya todos los consejos recibidos, las reglas establecidas y ninguna funciona y entonces tenemos que recurrir a pedir nuevos consejos a importunar al pediatra y a lo que sea necesario para controlar la situación. Porque, otra vez, como cada persona es diferente los remedios que funcionan para uno no funcionan para todos.

La vida del papá primerizo, carece del orden y control que, cuando veíamos a otros padres antes de serlo, asegurábamos que a nosotros no nos iba a pasar, porque si bien habíamos tomado conciencia de que era lo que no pensábamos permitir, tolerar, inspirar en nuestro hijo(a) él o ella se encarga de demostrarnos que no hay plan 100% eficaz, cuando de formar, educar y hasta, porque no decirlo, lidiar con nuestro hijo(a).

Conforme va creciendo nuestro primer hijo(a) nos vamos sintiendo más confiados en que ya conocemos sus características y seremos más hábiles en resolver los problemas o situaciones que nos vayamos encontrando, pero ¡oh sorpresa! Resulta que nuestro hijo(a) va evolucionando y va desarrollando su personalidad y lo que como bebé le gustaba o daba alegrías, de niño(a) ya no funciona igual y así a través de las diferentes etapas de su crecimiento.

Sin embargo, nosotros seguimos pensando que poco a poco vamos entendiendo mejor y eventualmente, tendremos el control de la situación, pero es cierto, casi únicamente en la teoría, en la práctica, una vez que estamos seguro de poder anticipar ciertas reacciones, nos encontramos que ya no aplican igual y tenemos que seguir improvisando sobre la marcha para encontrar para nuestro hijo(a) y nosotros mismos, momentos de tranquilidad y alegría. Y es que el ser padre es un desafío real y una gran responsabilidad y si bien es cierto que nos da muchas alegrías, también nos deja muchas desilusiones y frustraciones. Justo esto es lo apasionante de ser padre, el tener la habilidad de darle mucha importancia a las satisfacciones y alegrías y no perdernos en las desilusiones y frustraciones. Y se dice muy fácil, pero lograrlo no lo es tanto.

Ahora bien, una vez que ya eres padre de un hijo(a) crees que ya no importa los que vengan, porque, ahora sí, ya estás preparado para todas las eventualidades, ya no tendrás que molestar al pediatra o tus papás o hermanos mayores o amigos, a toda hora, sino que tú ya serás capaz al menos en el 85% o más de las situaciones, de resolver las situaciones sin recurrir a terceros.

Pero resulta que tu segundo hijo(a) es totalmente diferente al primero y que además conforme vaya creciendo se va ir haciendo más notoria esa diferencia, incluso bajo la premisa que son hijos de los mismos padres y que el interés y atención que les prestaste al primero son básicamente los mismos que al segundo.

Muchas veces en la etapa de bebé del segundo hijo(a), nuestra desesperación es incluso mayor que en la del primero, porque ahora “tenemos experiencia” entonces nos abruma más el no poder resolver los temas básicos y sentimos que nosotros ya estamos para dar consejos y no para pedirlos, por lo cual no es aceptable que no seamos capaces de resolver la situación que se nos está presentando.

Sin embargo, la realidad es que si “aprendimos” de nuestra primera experiencia, pero como lo he dicho en muchos artículos, cada hijo es diferente y si bien al principio nos cuesta trabajo asimilarlo, eventualmente lo vamos teniendo más presente y una vez superada la frustración inicial de no haberlo detectado o resuelto a la primera, acabamos encontrando los mecanismos que funcionan con el segundo hijo(a) aunque no sean los mismos que funcionaban con el primero.

Y es que la diferencia entre ser padre primerizo o por segunda vez, no es tan fácil de asimilar en los primeros días de la vida de nuestros hijos(as), porque la verdadera experiencia es saber reconocer las características de la personalidad y el carácter del cada hijo(a) y actuar en consecuencia a ella y esto empezará a pasar cuando el bebe se convierta en niño(a) y de ahí en adelante.

Yo sí creo, que aún hoy, sigue siendo más difícil para los padres porque venimos de una historia en la cual los padres era, básicamente proveedores y autoridades en la formación de los hijos y ahora que somos también parte integral de su vida, seguimos siendo poco abiertos para hablar de “cosas de hijos(as)” entre nosotros, como por ejemplo, si lo hacen las mujeres. Básicamente esta idea es una de las que dio origen a este blog y también es parte del objetivo del mismo, el poder crear una comunidad de padres que no solo entiendan la participación que debe tener la figura del padre dentro de la familia, sino que asuman la responsabilidad que nos queda en todas las etapas del desarrollo de nuestros hijos y como esa responsabilidad de cercanía se debe de, primer conseguir y después mantener, aun cuando haya separación en la pareja.

Estoy convencido que entre padres nos podremos ayudar mucho para recuperar todo el tiempo perdido entre ser esa figura distante y autoritaria a ser el compañero de viaje (No amigo) en el camino a la realización de nuestros hijos(as). No desaprovechemos esa oportunidad aún después de un divorcio o una separación y no nos conformemos con salir en la foto, sino que busquemos mantenernos dentro de los contactos que nuestros hijos(as) buscarán, para encontrar su camino lograr realizarse como personas.

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