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APOYANDO LOS SUEÑOS DE TU HIJOS(AS)

La idea de este artículo no se trata sólo de enfocarnos en los “grandes sueños” o aspiraciones que tienen cada uno de nuestros hijos(as) sino de incluso aquellos pequeños que van forjando el camino a su futuro durante todo su crecimiento.

Cuando como padres nos involucramos más en la actividad diaria de nuestros hijos(as), nos hicimos también colaboradores y/o cómplices de todas sus aventuras, desde la infancia, adolescencia, juventud y edad adulta y como decía en el artículo anterior “Luchas o contrastes entre generaciones” nos permitió esa cercanía a su vida, que nos da la posibilidad de ser parte importante en su vida, tanto en sus logros como en sus derrotas y seguir manteniendo esa intimidad durante toda nuestra vida.

Todos los niños(as) en su etapa infantil tienen sueños de que harán cuando sean grandes y estos sueños van cambiando conforme van creciendo, pero para mí, lo importante es formar parte de esos sueños, porque en la búsqueda de estos sueños es como se irá formando su carácter adicionado a la formación que les demos en la casa y la escuela. Entonces, desde mi punto de vista es fundamental el alentarlos e impulsarlos a que se atrevan a intentar logros que aunque en ese momento sean muy relevantes, probablemente más adelante ya serán solo anécdotas del pasado porque tendrán un nuevo objetivo que conseguir. Y lo más atractivo para nosotros, como padres, es que si los acompañamos en este camino, también estaremos junto a ellos(as) en el momento de no lograrlos y seremos quienes ayudemos a superarlo.

La verdad es que cuando hacemos junto con nuestros hijos, recuento de esas etapas de su vida, en las que tenían aspiraciones a ciertos logros o cumplimiento de sueños, es decir, al recrear estos momentos, se fortalecen los vínculos individuales entre padre-hijo(a) y no acerca un poco más.

Antes de hacer cada escrito, platico con mis hijos sobre qué tema “podemos” hablar esta semana. Y me refiero en plural, porque si bien, soy quien lo escribe, es mi hija la que hace la ilustración y mi hijo participa en el aporte de ideas. Porque al principio, cuando empecé a escribir, se me ocurrían varios temas, incluso antes de crear el blog, ya tenía listos escritos para 6 o 7 semanas, pero conforme empiezas a escribir, las anécdotas se van haciendo más difíciles de encontrar y más complicado el generar todo un artículo de esa anécdota. Sin embargo ahora que es un proyecto de los 3, pues es más sencillo encontrar un tema que cualquiera de los tres considere que es importante y a partir del tema, yo empiezo a desarrollar el escrito y mi hija, la ilustración.

El tema de hoy, es una sugerencia de mi hijo, porque en este tema de los sueños si fue el mucho más activo que su hermana y había que estar junto con él en todos estos proyectos, por eso empezaré relatando los “sueños” que mi hijo fue encontrando a lo largo de su vida y la manera en la que al estar con él, en estos momentos, me permitió ser su cómplice, su mecenas y más adelante una persona “infaltable” en su vida.

Cuando nació mi hijo, su hermana tenía más de 6 años, así que durante mucho tiempo no había un gran número de actividades que les interesaran a los dos con el mismo gusto, por lo que para mí el crear actividades de solo padre-hijo se me simplificaba. Para aquellos padres cuyos hijos tengan diferencias de edad más cercana, será un poco más complicado pero igual de importante el diferenciar actividades exclusivas con cada uno(a).

Como decía, mi hijo fue cambiando sus aficiones conforme iba creciendo, la primera que recuerdo ya como un verdadera pasión de su parte fue su afición a Harry Potter, aunque por alguna razón, él siempre fue fanático de Malfoy en particular y de Slytherin en general. Veía las películas una y otra vez, incluso pausaba en cada escena y la repetía el actuando todos los papeles. Una vez, en una tienda departamental vendían las capas de las diferentes casas y le compré la de Griffindor, aunque después regresé por la Slytherin y a partir de esos días, siempre salía con capa, sin importar a donde fuéramos, incluso le compré un plumón rojo para que se pudiera pintar la cicatriz característica de Harry Potter, buscamos varitas y cada vez que íbamos a una tienda era ver que productos había para completar el atuendo y nos escapábamos él y yo a la juguetería y era, para él y hasta para mí, toda una aventura.

Su segunda etapa apasionada fue con el yo-yo, un amigo le comentó que en el parque México de la Condesa los vendía y daban clases y concursos los sábados y se convirtió en nuestra salida “obligada” los sábados. Cada sábado íbamos y revisábamos los nuevos modelos, veíamos a los “expertos” hacer suertes y nos paseábamos por el parque. A mí me sorprendía el costo de los yo-yos, porque cuando yo era niño eran muy baratos pero ahora, los buenos costaban entre $750 y $1,500. Él le entró con singular alegría al juego y un día nos enteramos de la competencia nacional y aunque era hasta plaza satélite y nosotros vivíamos en Villa Coapa, lo llevé junto con un amigo y lo disfrutamos mucho.

Ya al final de su infancia, le agarró el gusto por las patinetas y otra vez, me sorprendí, porque si bien en mi adolescencia a mí me gustaba mucho y creo que era bueno en patinetas, cuando mi la afición de mi hijo creció, salieron varias versiones innovadoras. Empezó a andar en una convencional, tabla de madera con 4 ruedas, solo que la compramos separada para armarla nosotros y la verdad es que rápidamente dominó la técnica, pero después aparecieron las “Longboard”, unas patinetas largas que ya eran consideradas como un medio de trasporte porque la inercia se mantenía más tiempo, luego salieron las “Penny” que eran todo lo contrario, patinetas compactas que se hicieron populares porque las podías llevar a todas partes. Hasta ahí solo eran diferencias pequeñas, pero entonces salió la “Ripstik” que era una patineta que solo tenía dos ruedas, una adelante y otra atrás en línea recta y la mecánica del movimiento la generabas desde arriba de la patineta, no tenías que bajar el pie para nada y también se volvió muy bueno es esa. Mi habilidad había durado hasta las de 4 ruedas, pero esta, aunque si logre algún avance, nunca fui un experto en ella. Su última etapa fue en una “wave board” pero que estaba dividida en 2, es decir, era dos “tablitas” con una rueda cada una, tal vez sería más de la familia de los patines que de las patinetas, pero él nunca fue de patines y si de patinetas y llegamos a esta.


Por último, en las etapas de mi hijo, llegó la música y esta si llego para quedarse. Pasó de ser un hobbie, a ser una pasión hasta llegar a convertirse en SU vocación. Como ya lo he comentado en artículos anteriores, su gusto por la música empezó en la escuela cuando lo inscribí a clases de guitarra clásica en la escuela. Posteriormente, empezó a tomar clases fuera de la escuela de guitarra eléctrica, esta si le apasionó y aunque todo lo que sonaba a escuela le daba una flojera espeluznante, para su clase de guitarra siempre estaba listo a tiempo. Nos cambiamos a vivir a Las Águilas y con esto, el entró a una escuela por esta zona y ahí se empezó a juntar con amigos con la misma pasión musical que él y crearon su banda. Lo que a mí más me gustó de esta banda es que era más amistad que deseo de triunfo, al grado que había un compañero que era de su grupo de amigos pero que ni sabía tocar ni tenía instrumento, pero como les faltaba el bajo, pues se lo asignaron a él y ahí nos lanzamos mi hijo, su amigo y yo a la calle de Bolívar en el centro a comprar un bajo y amplificador para su amigo. Para ese entonces, ya las clases de mi hijo eran en la casa, así que incluyó a su amigo y el mismo maestro enseñaba guitarra a mi hijo y bajo a su amigo y entonces sí, la banda empezó a funcionar. Durante esta etapa, los ensayos de la banda eran “sin papas” así que me limitaba a llevarlo y recogerlo, pero la actividad que si hacíamos juntos (yo creo que más veces de la necesarias) era ir al centro a ver los instrumentos, amplificadores y demás opciones disponibles en la calle de Bolívar. Muchas veces fuimos con alguno(s) de sus compañeros de banda y otras solo él y yo. Si tuvieron algunas presentaciones y seguían priorizando la amistad que los egos y yo seguía encantado con ello. Sin embargo, le llegó su evolución musical y encontró que lo que realmente le gustaba era ser DJ y con su mejor amigo de la banda, empezaron a incursionar en esa área. Por lo tanto, las visitas al centro seguía siendo periódicas, casi semanales, pero ahora el tema era otro, búsqueda, análisis y compra de mezcladora, bocinas, luces, software, etc. para poder ser un DJ. Y la verdad es que lo hicieron bien, se alternaban entre los dos y tocaron en varios eventos, los primeros gratis y luego cobrando y con ese dinero que iban ganando agregaban más equipo y fue entonces cuando este hobbie, luego pasión se convirtió en vocación. Él ya estaba en prepa y la verdad con resultado muy “pobres” en calificaciones, es decir, muy malas y yo no veía posible que en cualquier universidad le fuera a ir mejor que en la prepa, pero entonces empezamos a investigar opciones y yo creo que fue su hermana porque es muy buena investigando en google, encontró que en México había una Universidad enfocada a la música y santo remedio, encontramos un motivo para acabar la prepa y este era, entrar a esa Universidad y lo consiguió.

Al día de hoy, él se dedica a varias actividades relaciones con la música, tiene nombre artístico, varias canciones suyas se pueden escuchar en las diferentes plataformas como Spotify, Apple Music y demás que yo, por supuesto, ni conozco. Ya está cobrando regalías por la reproducción de sus canciones en estas plataformas y de estas canciones él es el autor de la letra, la música y con su amigo (El DJ) tienen una pequeña distribuidora de música y ahora, también con él, acaban de iniciar la creación de jingles para posteos animados.


En el caso de mi hija, la verdad es que durante su infancia no fue tan apasionada a temas específicos, así que nuestra interacción era en salidas y ver programas juntos. Con ella la única actividad que si fue un “proyecto real” que si bien no cae en la categoría de sueños, si era un proyecto, era que cuando ella tenía unos 11 años, en época navideña, decidió organizar un concurso de adornar tu casa con motivos navideños. La idea era hacerlo en toda la colonia, cabe aclarar que era una colonia cerrada. Ella hizo la convocatoria y las bases, las imprimimos en la casa y fuimos, ella y yo, casa por casa entregando la convocatoria y las bases del concurso, una semana después otra vez casa por casa haciendo un recordatorio y si bien no fueron muchas las casas que pese a recibir 4 visitas de nosotros acabaron decorando, si fue el año que más casas se decoraron en la colonia.

Pero después de esa historia, realmente sería hasta la Universidad que podría decir que requirió otra de vez mi participación en un proyecto suyo. Ella había entrado a la Ibero a la carrera de Diseño Textil, el primer semestre que era pura teoría, le fue muy bien y sin problemas, sin embargo para el segundo semestre que ya incluía práctica y no solo teoría, resulto que para la parte práctica, no era nada buena. Entonces sufrió durante todo el semestre hasta que se dio cuenta, que si así iba a ser el resto de esa carrera, ya no era lo que ella quería y vino a decirme que se había equivocado al seleccionar y que quería cambiarse de carrera y preguntarme que opinaba yo de eso, le pregunté cual carrera había escogido en lugar de esta y me dijo Comunicaciones y le dije, adelante, yo creo que esa carrera es mucho más apropiada para ti, así que deja de sufrir y cámbiate y ve si hay alguna materia que te puedan revalidar. Al final, no le revalidaron prácticamente nada, pero empezó nuevamente y en esta carrera si se sintió realizada.

Durante su carrera, tuvo dos proyectos importantes para ella, el primer estudiar un semestre en el extranjero y aunque si lo platicamos un poco, todo lo hizo ella, escoger la ciudad, la escuela, hacer los trámites, ser aceptada, todo. Para ser honesto, cuando empezó a hablarme de esto yo lo veía muy distante y pensaba que era muy bueno para ella, pero cuando se acercaba la fecha, ya no estaba tan feliz, porque nunca había pasado 6 meses (Que serían 8) separado de ella, pero nunca lo demostré, ella se fue y si bien es cuando más lejos hemos estado el uno del otro, también es cuando mejoramos nuestra comunicación y nos dábamos el tiempo de conversar entre nosotros. El segundo proyecto fue hacer su servicio social fuera de México y nuevamente ella hizo todo y acabó yéndose a Los Ángeles por 3 meses en el verano a una fundación de ayuda a migrantes.

Y ya estando en su etapa adulta, ha tenido dos proyectos adicionales. El primero es que después de algunos trabajos durante su carrera y posterior a ella, se dio cuenta que nunca sería feliz siendo una godín en la CDMX, así que busco opciones fuera, primero en el extranjero sin grandes resultados y después escogió Cancún, se consiguió 5 entrevistas para trabajos allá, se fue un miércoles y ya no regresó, la contrataron y vivió en Cancún por más de año y medio.

Decidió regresarse, pero llegó a la CDMX con una idea clara, quería ser empresaria y desde entonces hasta ahora, ha ido desarrollando proyectos personales para generar su empresa y está a punto de tener su primer gran éxito.

Resumiendo, si como padre, logras formar parte de los “sueños” o “proyectos” de tus hijos en la infancia, podrás seguirlo siendo durante toda su vida.

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